Cuando tomo mi cuaderno es porque tengo un complejo de emociones humanas que necesito sacar de mí. No siempre sé lo que voy a escribir porque todo lo que he escrito lo he vivido.No tengo que imaginarme cosas como los Novelistas. Cuando escribo, lo único que sé es que sufro de dolor, de esperanza, de alegría, de amor; sé que estoy sufriendo y que necesito decirlo. Mi necesidad de escribir es todo, quizá a veces también un poco de miedo.
La poesía es un destino. Algo que se hace fundamentalmente con palabras, con emociones, con sentimientos. La poesía se escribe para los demás, y si alguien me dice que gusta de lo que escribo, uno encuentra la satisfacción de descubrir que la poesía se realiza, que hay alguien a quien le sirvió para vencer un momento de soledad, o una angustia o un pesar por los contagios de los pesares del poeta, por sentir alivio de que el sufrimiento no es nada más de uno.En fin, esa es la alegría de la poesía.








